jueves, 15 de diciembre de 2011

Hombres de Fuego

Resulta interesante conocer las palabras del rey David, al entregar el reino de Israel a su hijo Salomón: Esfuérzate y sé hombre 1° Reyes 2:2. De igual forma, Dios quiere hacernos reyes y sacerdotes de su Reino, y nos exige la misma condición para conquistarlo, ser verdaderos hombres.

El rey David, reconoció la capacidad de su hijo Salomón para ser el futuro rey, además, vio la voluntad de Dios en todo esto. Salomón sólo tenía que ponerse bien los “pantalones”, poner atención a la voluntad divina y hacerla. Suena fácil, pero muchos fracasan en la última parte.

David, sabía por experiencia propia, lo que era llegar a ser un hombre de Dios. David fue seleccionado de entre ocho hermanos para gobernar 1 S.16:12-13. El profeta Samuel, viaja a Belén, a la casa de Isaí, para ungir al futuro rey de Israel. Jehová dijo al profeta que no mirara la apariencia de los candidatos, ni su estatura, porque Dios mira el corazón de las personas. Para Dios, son más importantes el carácter y la disposición, que la belleza física o apariencia externa.

Samuel, hizo pasar frente a él a los siete muchachos, robustos y de buen aspecto, pero todos fueron rechazados por Dios. Finalmente consulta a Isaí, si queda alguien más. Tal vez, Isaí, encogiéndose de hombros respondió: “Queda aun el menor, que apacienta las ovejas”. Al llegar el joven David, Dios ordena a Samuel, diciendo: “Levántate y úngelo, porque este es”. Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en presencia de toda la familia. La Biblia menciona que a partir de ese día el Espíritu de Jehová, vino sobre David y comenzó a capacitarlo para la obra a que lo había llamado, ser rey y pastor de Israel.

Pronto, el joven David se distingue por su valor y fe. Al visitar el campo de batalla, buscando a sus hermanos, termina venciendo al gigante Goliat. Dios se encargó de llevarlo a palacio, con el fin de tocar el arpa para el rey Saúl, quien de esta forma se aliviaba de su opresión espiritual 1° Samuel 16:23. El tiempo que estuvo David, como músico y paje de armas, contribuyeron a entrenar al joven pastor, en todo lo relacionado al manejo de la corte y de una nación. Pudo conocer lo mejor de la alta sociedad hebrea, que aunque muy sencilla por aquel entonces, distaba bastante de su roce normal con las ovejas y otros pastores.

La escuela de Dios, llevó a David por el camino de las armas, donde lo vistió de gloria. David, demostró ser un valiente de verdad, y ayudado de la mano de Jehová, su fama superó largamente a la del rey Saúl. Aconteció que cuando volvían, después de haber matado al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel a recibir al rey Saúl cantando y danzando con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Mientras danzaban, las mujeres cantaban diciendo: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” 1° S.18: 6-7. Sin duda, estas palabras causaron el desagrado del rey, lo que dio inicio a una persecución, que se extendió por varios años 1° Samuel capítulos 19, 21 y 24.

David, fue escogido, de detrás del rebaño, para ser rey, sin embargo, tuvo que huir de palacio, dejar a su entrañable amigo, el príncipe Jonatán 1° Samuel 20:17, 42, y ocultarse en una cueva. En la cueva de Adulam, Dios enseña a David como formar su propio ejército. Tuvo que lidiar con cuatrocientos hombres pobres e indisciplinados. Nada nos enseñará más a tratar con personas, llevar sus cargas y ayudarlos a superar sus conflictos, que viviendo entre ellos. La suavidad y protocolo de la corte, quedaron atrás, ahora le esperaba la rudeza del desierto y de hombres simples. “Partió David de allí y se refugió en la cueva de Adulam; cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron allí a reunirse con él. Además, se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Había con él como cuatrocientos hombres” 1° S. 22:1-2.

Es impresionante, como el poder de liderazgo, de un muchacho de veinte años pudo manejar a tan gran número de hombres. Si contamos también las mujeres y los niños, la multitud supera las mil personas. Dios estaba con David, y le enseñó a ser el pastor de su pueblo. Por algo Dios dice: “He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” Hch. 13:22.

En su peregrinación por el desierto, alrededor de seis a ocho años, David es acosado una y otra vez por el malvado rey Saúl. Sus ejércitos se topan en varias ocasiones, mas el amor y lealtad de David, impidió una matanza y la muerte del rey Saúl. La primera vez, Saúl fue advertido que David se encontraba en el desierto de En-gadi. Tomando el rey a tres mil hombres escogidos, fue a buscar al ungido de Dios. Al llegar al redil de las ovejas, donde había una cueva, Saúl entró sin percatarse que David y sus hombres estaban ocultos en su interior. David se acercó calladamente, y cortó la orilla del manto de Saúl, pero sin hacer daño alguno al rey.

Las palabras de David, en este encuentro, ponen de manifiesto su humildad. Saúl confirma el futuro reino davídico, diciendo: “¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. Que él vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.

Aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, este exclamó: ¿No es esta tu voz, David, hijo mío? Alzando su voz, Saúl rompió a llorar, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote pagado yo con mal. Hoy me has mostrado tu bondad; pues Jehová me ha entregado en tus manos y no me has dado muerte... Ahora tengo por cierto que tú has de reinar, y que el reino de Israel se mantendrá firme y estable en tus manos” 1° S. 24.

El tiempo en el desierto fue duro y peligroso, David y los suyos tuvieron que cruzar temporalmente las fronteras de Israel, para internarse en Filistea. Fue un período de múltiples batallas, donde fueron puestos a prueba al máximo, la fuerza y la astucia, de David, quien años más tarde comandaría la totalidad de los escuadrones de Israel.

El triste episodio con la adivina de Endor (1 S.28: 3-25), relata la visión de Samuel anunciaba la proximidad de la muerte del rey Saúl y de sus hijos por mano de los filisteos, Este hecho pone de manifiesto que Saúl era un hombre incapaz de arrepentirse de corazón, indigno de ser el máximo líder del pueblo de Dios. Como era de esperar, al día siguiente, el rey Saúl, y su hijo Jonatán, son vencidos en batalla y ambos terminan muertos. Inmediatamente David es ungido rey sobre Judá. A los treinta años, su cabeza recibía su segunda unción, en el largo proceso de llegar al poder. Después de reinar siete años y medio en Hebrón, y vencer a la familia del rey Saúl, David toma el control total de la nación 2ª S. 5:1-5. A los treinta y siete años, es ungido rey sobre todo Israel, según la voluntad de Dios. Treinta y tres años gobernó David en Jerusalén, reinó cuarenta años en total 1° Reyes 2:10-11.

Existían valores diametralmente opuestos entre David y Saúl. Saúl fue un rey conforme al corazón del pueblo, David, un hombre conforme al corazón de Dios. Saúl se envaneció por su elevado sitio en la sociedad, mostrándose orgulloso e incapaz de arrepentirse de sus pecados. David, sin embargo, un hombre de corazón valiente, supo arrepentirse profundamente, cada vez que cayó en pecado. David siempre puso su confianza en su Señor, aún en los momentos más oscuros de su vida.

Es importante conocer, como Dios se toma todo el tiempo necesario para preparar a sus siervos. Tenemos muchas narraciones bíblicas de hombres puestos en la escuela de Dios, donde se prepararon largos años, para llegar a ser útiles al propósito divino. Moisés, fue preparado ochenta años, cuarenta en Egipto, y otros cuarenta en el desierto, sólo para ser usado cuarenta años más, en la liberación del pueblo escogido. Josué, estuvo al lado de Moisés, las cuatro décadas de la peregrinación, para ser luego usado en la conquista de la tierra prometida.

Cuanto más resuenan hoy las palabras davídicas, “Esfuérzate y sé hombre”, frente a miles de hombres cabizbajos que viven una vida crucificada, pero no como resucitados y ascendidos a una vida gloriosa, en la que somos más que vencedores con Jesús “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” Ro. 8:37.

La iglesia, y el mundo, necesitan hombres de Fuego, en una sociedad donde a lo malo, se llama bueno; y a lo bueno, se llama malo. Pablo señala a Timoteo acertadamente, diciendo: “También debes saber que en los últimos días vendrán tiempos peligrosos. Habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanidosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, sin templanza, crueles, enemigos de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. A esos, evítalos... pero no irán más adelante, porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.

Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe entereza, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquia, en Icono, en Listra; persecuciones he sufrido, pero de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución; pero los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” 2° Ti.3: 1-5; 10-13.

Atrevámonos a conquistar el mundo, llevando siempre la gloria y majestad del Reino de los cielos, a cada corazón necesitado. Destruyendo las ligaduras del diablo con el poder de la Palabra y del Espíritu Santo “Porque las armas de nuestra milicia no son terrenales, sino, poderosas en Dios, para destrucción de fortalezas” 2 Co. 10:4.

Cuando Adán pierde la comunión por su desobediencia, también pierde su autoridad sobre la creación, el temor inunda su vida, y hasta los animales le son adversos. La preciosa herencia que fue hecha para el hombre, fue mañosamente arrebatada por el Adversario, quien se pavonea hoy como dios de este siglo, con una herencia robada.

Gracias a nuestro Padre Celestial, que envió al segundo Adán, es decir, Jesús el Dios-Hombre. Exento del pecado de la raza humana. Quien reconquistó la autoridad, la comunión con el Creador y ganó una herencia eterna y gloriosa, a través de la más increíble victoria de Cristo en la cruz.

Tenemos claro que el propósito divino, era que el hombre fuera el “señor terrenal” de la creación, y esto fue así, mientras estuvo en obediencia al “Señor Celestial” de la creación. La obediencia es la única forma que Dios estableció para protegernos y prosperarnos, sin obediencia la protección y prosperidad se esfuman. Repito, la obediencia es la única forma que Dios tiene para protegernos, desobedecer es morir.

Jesús, nuestro Maestro, que con sus palabras y hechos nos trazó un camino más excelente de salvación, nos libertó del poder de la muerte, de toda maldición de pecado. Jesús despojó públicamente en la cruz, a quien tenía el imperio de la muerte, es decir, a Satanás, y nos dio vida abundante He. 2:14. Dios busca creyentes, que no teman dar su vida por la expansión del evangelio. Un pueblo que no trance sus altos valores, con la mundanalidad y el pecado. Que alce su voz como trompeta y proclame que Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. “Y me serán testigos activos hasta la muerte, cuando sean empapados con poder” Hch. 1: 8 (traducción libre).

Dios busca Hombres de Fuego, que enciendan los púlpitos y las calles, con el poder del Espíritu Santo. Dando vista a los ciegos, agua al sediento, pan al hambriento, rompiendo las ligaduras de impiedad. Anunciando el Evangelio a los pobres de la tierra.

Dios busca hombres sencillos, comunes y corrientes, pero dispuestos a ser modelados por él. Hombres que no teman al rugir de la batalla espiritual, y que puedan decir “heme aquí, envíame a mí Señor”. Los hombres incondicionales a Dios, que abracen la fe y tomen la autoridad delegada a los creyentes, serán los que dirijan los destinos de la iglesia del presente. Serán los que embaracen al pueblo de Dios de la sana doctrina, y de una visión profética para los últimos tiempos.

Ser el hombre que Dios quiere no es fácil, requiere del esfuerzo sostenido de toda nuestra vida, pero a la vez recibe la permanente ayuda del Espíritu Santo. Quien nos capacita para la magnífica obra que el Rey nos encomendó: “salvar al mundo por la locura de la predicación” 1ª Co. 1: 21. Dios pronuncia esas palabras inmortales al joven Josué, diciendo: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que prosperes en todas las cosas que emprendas” Josué 1:6-7. Esta hermosa comisión es válida para todo cristiano que desee ser útil en las manos de Dios.

Me impresiona, la vida de un verdadero hombre de Dios, llamado Policarpo. La fe inquebrantable de los cristianos durante los primeros siglos de la iglesia cristiana, resaltaba como ejemplo refulgente ante el mundo hostil. Policarpo, era una figura venerable, que formaba el último eslabón que lo unía a los que habían visto a Jesucristo en la carne, pues él había aprendido a los pies del apóstol Juan.

Durante unos cincuenta años, Policarpo ejerció una poderosa influencia en su dignidad de obispo. Sin embargo, según las palabras de Elliot Wright: “Él fue el más amable de todos los hombres... un modelo de humildad” No fue de la época de los primeros apóstoles, y a pesar de su relación con Juan, nunca se igualó con ese apóstol, como se hace evidente en su propia epístola: “Escribo estas cosas, hermanos, no con arrogancia, sino porque ustedes me las pidieron. Pues, ni yo, ni ningún otro como yo, puede alcanzar la sabiduría del bendito Pablo, quien estuvo entre ustedes, y enseñó con firmeza la palabra de verdad”.

Su ministerio contra el paganismo tuvo tanto poder que se le denunciaba por toda el Asia, como el “ateo”, el maestro de Asia, el destructor de nuestros dioses. A los paganos o gentiles, les parecía que él estaba glorificando a un hombre muerto, y sus emocionados sermones sobre las enseñanzas y milagros de Cristo, les molestaba de forma especial.

En el año 156 d.C., comenzó la persecución al cristianismo en la provincia de Asia Menor. Así fue registrado en una carta de la iglesia de Esmirna. Las autoridades civiles, por razones no muy claras, decidieron matar a los cristianos. De inmediato se temió que Policarpo fuese perseguido, y los creyentes de la localidad insistieron en que él se refugiara en un lugar secreto. Su período de reclusión fue breve. Después de torturar a un sirviente, los soldados averiguaron su escondite y lo hallaron en una pila de heno.

Se supo que la ejecución no era lo que querían las autoridades. Policarpo, tenía ya ochenta y seis años de edad, y ¿Qué podían ganar con su muerte? Lo que las autoridades querían en realidad. Era que negara su fe. ¡Qué gran victoria significaría para el paganismo!, propinando así, un fuerte golpe a la “secta de Jesucristo”. Los oficiales le insistían después de apresarle: “¿Por qué, que daño hay en decir “Cesar es el Señor”, ofrecerle incienso y salvar así la vida?” El procónsul le rogaba: “Considere la edad que usted tiene, y jure por la divinidad de Cesar; arrepiéntase y diga:"Fuera con los ateos”... Abjure y lo dejaremos marchar”.

Policarpo, con su rostro decidido, miró a la multitud que estaba en el estadio e hizo una señal de despedida con su mano. Mientras daba un suspiro, levantó sus ojos al cielo, dijo en alta voz: “¡Fuera con los impíos!”. El gobernador continuaba insistiendo: "Abjure y lo dejo ir; reniegue de Cristo”. A lo que Policarpo contesta: Durante ochenta y seis años he sido siervo de Jesucristo, y él nunca me trató mal; ¿Cómo puedo blasfemar de mi Rey, que me salvó?”. “Yo tengo bestias salvajes_ dijo el procónsul_ Si no le importan las fieras, lo haré destruir con fuego”. El anciano obispo, le respondió: “El fuego con que me amenazas, quema por poco tiempo y luego se apaga; hay un fuego que no conoces, el fuego del juicio venidero y del castigo eterno, el fuego que está reservado a los impíos, y que nunca se apagará”.

El procónsul estaba asombrado y envió al pregonero a que desde el centro del estadio gritara tres veces: “Policarpo ha confesado que es cristiano”... Entonces de todas las gargantas salió el grito de que Policarpo fuera quemado vivo. La multitud se apuró en recoger troncos y madera, y pronto la pira estuvo lista. Policarpo oró... Cuando él dijo “amén” al completar la oración, los ejecutores encendieron el fuego, y se levantó una gran llamarada.

La muerte de Policarpo, puso fin al brote de persecución en Asia, y preparó el camino de los que no tenían tanto valor como él, para que confesaran abiertamente su fe en Jesucristo. Tal vez, en nuestro tiempo, salvo en el mundo musulmán, el riesgo de convertirse en mártir por Cristo, no es tan frecuente. Sin embargo, cuanta falta nos hace tener una voluntad dispuesta, y un espíritu resuelto a darnos por entero al Salvador. Jesucristo, jamás hizo algo a medias, predicó apasionadamente, oró cada día con intensidad, amó hasta el límite, y dio su vida por la humanidad. Dios no espera mucho menos de sus hijos. Él no pide mucho, lo pide todo.

Otro hombre de Dios, cuya vida nos habla con mucha fuerza, es Guillermo Carey, llamado el “padre de las misiones modernas”. Guillermo, nació en Inglaterra, y su oficio original, era el ser zapatero. Su vida fue un maravilloso ejemplo para la iglesia, para llevar a Cristo al mundo perdido.


Guillermo, pasó pruebas muy duras, durante sus cuarenta años como misionero. Demostró una firme determinación por conseguir el éxito en todas sus empresas. Guillermo Carey, nació en 1761, cerca de Northampton, Inglaterra. Su padre era tejedor y trabajaba en su casa. Aunque la pobreza era algo generalizado en aquel lugar, la vida de la familia Carey, era sencilla y sin complicaciones. En su juventud recibió a Jesucristo como su Salvador, y dedicó su tiempo libre al estudio de la Palabra.

A pesar de la difícil situación económica, Carey no dejó de estudiar ni de predicar. En 1785, inicia su ministerio, como pastor de una pequeña iglesia bautista. Luego fue trasladado a otra más grande en Leicester. Pronto se dio cuenta que las misiones era la responsabilidad central de la iglesia. Sus ideas eran revolucionarias, aunque los clérigos del siglo dieciocho, creían que la Gran Comisión era solamente para los apóstoles.

Cuando Guillermo Carey, presentó sus ideas misioneras a un grupo de pastores, tuvo la siguiente respuesta: “Siéntese joven, Cuando Dios quiera convertir a los gentiles, Él lo hará sin su ayuda ni la mía”. Afortunadamente, Carey no se calló, sino, que con más ímpetu continuó su aventura misionera. En 1792, publicó un libro de ochenta y siete páginas, el cual fue comparado a la noventa y cinco tesis de Martín Lutero, por su influencia en la historia de la iglesia.

Carey, habló a un grupo de pastores en una conferencia bautista en Nottingham, diciendo: “Esperen grandes cosas de Dios; intenten grandes cosas para Dios”. Así nació la Sociedad Misionera Bautista. En 1793, Guillermo Carey, su esposa y sus hijos, partieron rumbo a la india, con el firme propósito de evangelizar esta difícil nación. Allí, se establecieron en el interior de la India, para no tener conflicto con otra obra misionera llamada “La compañía del Este de la India”. De pronto se encontraron rodeados de pantanos plagados de paludismo, los Carey sufrieron circunstancias terribles. Su esposa, Dorotea, y sus hijos mayores enfermaron de gravedad, lo que retrasó la obra misionera. Tiempo después, los Carey, se trasladaron a Malda, a unos 480 kilómetros al norte, donde pudo conseguir trabajo como capataz de una fábrica.

Guillermo, pasaba muchas horas en la traducción de la Biblia, y también predicaba y establecía escuelas. En 1795, se estableció una iglesia Bautista en Malda. A las reuniones asistían a escuchar cientos de bengalíes, y Carey afirmó, diciendo: “El nombre de Jesucristo ya no es un desconocido en este vecindario”.

Los Carey, se trasladaron en el 1800, a Serampore. Ciudad que se transformó rápidamente en el centro de la actividad misionera bautista en la india. El gran éxito de la misión en Serampore durante los primeros años se debió a la santidad de Guillermo. Su buena disposición para sacrificar los bienes materiales, y hacer más de lo que era su deber hacia los demás.

Serampore, fue un ejemplo de cooperación misionera. Se organizaron escuelas, se instaló una imprenta, se hicieron traducciones de toda la Biblia. Carey hizo traducciones en bengalí, sánscrito y maratí. Uno de sus mayores logros fue la fundación de la Universidad de Serampore, para el entrenamiento de evangelistas y fundadores de iglesias locales.

En la época actual, pese al gran crecimiento de las misiones, se hace más necesario que nunca, un renacer del fuego misionero transcultural. Europa, que antes envió ministros por todo el mundo, hoy vive un decaimiento espiritual profundo, debido a la apostasía, el modernismo y los postulados liberales que experimenta hace algunas de décadas. Es preciso que la iglesia centro y suramericana, devuelva la mano a sus pares europeos.

En los Estados Unidos, se originó un movimiento interdenominacional, de alcance internacional, llamado “The promise keepers” (los que guardan o mantienen promesas). Este movimiento promueve un mayor compromiso de parte de los creyentes hacia Dios, manteniendo promesas de fidelidad, santidad y justicia. Estas promesas o compromisos, que se detallan más adelante, aportan un rico material de inspiración y desarrollo para el creyente actual.

Los siete compromisos, que un verdadero hombre de Dios debe cumplir:

a) Honrar a Cristo, a través de: la adoración, la oración, y la obediencia a la Palabra de Dios.

b) Establecer relaciones vitales, con hombres bíblicos.

c) Practicar la pureza espiritual, moral, sexual y ética.

d) Edificar familias fuertes, a través del amor, protección y valores bíblicos.

e) Apoyar la misión de la iglesia, orando por el pastor, y entregando su tiempo y recursos.

f) Mirar más allá de cualquier barrera racial y denominacional.

g) Influir al mundo, amando a Dios y al prójimo, y llevando el evangelio por todo el mundo.


El Señor bendiga a esta maravillosa agrupación de santos. Al igual que ellos, animémonos a rendir toda nuestra vida a Dios, como un holocausto, santo e incondicional, para aquel que nos ama hasta la eternidad.

Dios está esperando que tomes hoy la decisión de poner tu vida bajo su señorío, permitiendo que sea él quien tome el control de cada área de tu vida, y de cada día de tu existencia. Ya seas valiente como David, sabio como Salomón, de gran liderazgo como Moisés, piadoso como Policarpo; visionario como Guillermo Carey, o simplemente un hombre común y corriente, puedes poner hoy tu vida al servicio del Dios vivo y lograr ser un vaso sobre el cual el Señor derrame su gloria y fuego espiritual.

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